A veces las circunstancias nos dictan sentencias que no imaginamos y que son irrevocables.
martes, 22 de noviembre de 2011
Soplo de realidad
Juguemos a que no me
importas una mierda, echémosle un pulso al dolor. Me pararé a pensar si de
verdad mereces la pena, valoraré si sigues siendo esa persona que un día quise
a morir. Hagamos como que yo nunca te dije que te quería, finjamos que tú jamás
me hiciste llorar. Quitaré tu risa del tono del despertador, olvidaré a que
sabía tu voz los sábados por la mañana. Escondamos en un cajón el tacto de tus manos, desterremos tu olor lejos de aquí.
Perderé de vista tu caminar, no volveré la cabeza si me llamas. No nos
permitamos una recaída más, aprendamos a ser fuertes. Creemos un escenario en
el que tú no seas el artista principal, viajaré en cometa a dónde no está
escrito, contigo o sin ti. Aceptaré que nunca seremos más que esto, retirarme a
un lado ahora que estoy a tiempo y tú me lo pones fácil. Todas estas cosas
serían imposibles. Y olvidarme de él, lo sería más difícil todavía.
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