Las batallas internas son siempre las
mas duras de librar. Decirlo todo y
que no valga. Cuando sabemos que algo nos hace daño pero lo queremos tercamente.
Que un suspiro te haga viajar hasta donde mis besos no te llevaron. Salir a la
calle y recordar mis lugares favoritos. Mirar mi cuerpo y verte haciéndome
mujer.
Mi ropa manchada con tu aliento. Tu boca bebiendo de mi alma. Bórrate
como el polen de mi ropa. Alérgico como el polvo. Caminar entre los carros para
sentir algo de emoción. Que te miren de arriba a abajo con lascivia y solo asco
recojas de eso.
Que la amnesia tome posesión de tu mente y no veas mas la luz al pensar
en mi rostro. Nunca te arrepientas de lo que dices, porque te mientes a ti mismo.
Toda tu ropa marchita junto a la mía. La soledad de mi alcoba y la cocina. Mis
manos rotas al acariciar tu ausente rostro. Yo evaporándome con el ruido de un
susurro. Con la voz de los mudos te grité que te amaba, tú escuchaste como los
sordos y partiste siguiendo un ritmo ciego. ¿Cuántas veces te deleitabas haciéndome
feliz?
Ahora está marchito, maldito, manchado y muerto.
No importa que tan difícil sea,
la costumbre a veces vence a la razón. Si quererte fue tan fácil como respirar,
olvidarte es como morir mil veces.
Las cosas no
desaparecen a antojo, pero ojala lo hicieran
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