miércoles, 2 de noviembre de 2011

Diario Privado

Nota al lector: No leas esto amigo lector, a menos que quieras sufrir lo mismo que ellos.

Noche 7. Volví a cerrar mis ojos 5 minutos y las imágenes asaltaron mi mente. Son tan reales. No se porque acuden con tanta ferocidad. Ya todos mis seres queridos están muertos y enterrados. Tal vez no debí hacerles daño, pero tenía que hacerlo. Estaban siendo malos. No me sentí mal al despedazarlos. Al ultrajar el cuerpo de todas mis hermanas y romper las entrañas de mis tíos. Se lo merecían.

Noche 10. Ya no duermo. Cada vez que cierro recuerdo esa noche. Ellos no debieron tocarme, y por eso perecieron.

Noche 17. Recuerdo perseguir a mi madre por la cocina, blandiendo mi cuchillo favorito; que hermoso era, su hoja y su mango, un balance esplendido, cortó hasta el hueso más fuerte como si fuera mantequilla. Mi madre gritaba, amo sus gritos, los repito una y otra vez. Se tiró al piso suplicándome, y yo le sonreí tranquilo, como un buen hijo que ama a su mamá, decidí que quería visitar mi antigua morada, si, su vientre, mi hogar por 9 meses, así que la até a la mesa y corté su piel, la sangre salía a borbotones y sentía una gran felicidad, al fin vería mi hogar verdadero. Cuando corté lo suficiente solo había más carne y mi madre había dejado de gritar. Sentí desilusión.

Noche 22. Amaba a mi abuelita, pero hacía tanto ruido. Odio el ruido. ¿Por qué no podía quedarse callada?

Noche 25. Hoy salí de casa, todos me miran como un asesino, he escrito demasiados diarios, he enviado demasiadas cartas y maldigo estas líneas. Ya no puedo dormir y no puedo morir, he tomado tantas vidas que la mía se ha alargado, así que para variar mi noche de insomnio me haré exactamente lo que les hice a ellos. A ver si siento algo, aunque sea un cosquilleo.

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