lunes, 21 de noviembre de 2011

Perdiendo el tiempo

No sé sobre que escribir hoy… debería estar haciendo mi tarea y sin embargo siento la necesidad de dejar a mis dedos recorrer el teclado… no se dé que escribir esta noche, un sentimiento extraño inunda mi mente. No es la alergia común a esta casa, cuyas paredes tienen más años que yo, me pregunto: ¿cuántos secretos guardarán? La pintura está vieja, el techo tiene goteras, las puertas de hace mil años se astillan al primer golpe, y aun así se ve, de alguna extraña manera fuerte.

A lo lejos escucho la voz quejumbrosa de la cuidadora, una señora corpulenta y morena que extrañamente posee los ojos del tono más verde y raro que he visto. No es verde bosque, no es verde mar, ni verde -gema-, es un tono distinto, más claro, tampoco el tono de los iconos de mi computadora. Su voz, alta y escandalosa retumba por toda la cocina. En el cuarto de al lado, mi vecina mira La Anatomía de Grey a un volumen insoportable; ella tiene la rara costumbre de orar en voz muy alta, pienso que es para que Dios la escuche lo antes posible. Yo también oro, pero lo hago para mis adentros.

Tendría que hacer mi tarea, leer 140 páginas de un libro sobre la conquista de América Latina, es bastante interesante cuando te das cuenta que todo lo que te enseñaron en la escuela primaria no es más que una mentira, cambia completamente tu vida, ah, exagero lo sé, pero los hechos son que no me agradan las colonizaciones. Llegar a un lugar nuevo y masacrar a sus habitantes para mi bienestar, es bárbaro.

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