martes, 25 de octubre de 2011

Cocina maligna

Me encanta comer, adoro los dulces, los almibares, las carnes y panes, hago mi propia comida, porque me encanta cocinar. Compro toda mi comida allá abajo en el pueblo, hay un pequeño kiosco cercano a la plaza donde una pareja china vende de todo y no es caro. No puedo pagar ir a la ciudad o a algún mejor lugar, aunque solo compro las suaves harinas, la deliciosa leche y la fabulosa carne; a cambio les doy de los pescados que a veces atrapo con mi red.

No sé cómo consiguen toda esa mercancía, nunca encontré mejores ingredientes en ningún lugar, cuando compraba en las tiendas más populares la comida siempre tenía un sabor distinto, más pesado, en cambio ahí es delicioso. Y es que no son ingredientes comunes, la deliciosa carne viene de la morgue de la ciudad, solo carne fresca claro, aunque solo sean 50 kilos diarios siempre llega cargamento. Las harinas según lo que me dijo la Sra. Ku Oh-Yu la hacen moliendo huesos humanos, a veces de reces y de los peces que les llevo, pero francamente la harina hecha con huesos humanos es las deliciosa, posee una suavidad y es tan liviana… no se qué haría sin ella.

Cuando me enteré de donde venían me asusté, pero comprendí que no podía cambiar, me había acostumbrado al sabor. La leche es otra historia, proviene de un insecto chino cuyo nombre no puedo pronunciar por temor a que su cólera se manifieste en mi interior.

Si algún día vienen a mi pequeño pueblo y encuentran la tienda, no teman entrar y comprar lo que ahí vean, yo he vivido más de cien años gracias a lo que compro en ese lugar. Y no voy a dejar de hacerlo, no cuando mi apetito se ve tan exquisitamente satisfecho.

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