Amor en dos tiempos. “En mi paseo por el mundo cibernético he encontrado toneladas de artistas que me habrían podido servir de inspiración.”
Al momento de idear un proyecto basado en mi presente, debo decir que sentí cierto temor. Miles de cosas representan mi presente, billones de motivos encontré en mi interior y unas cuantas personas a mi alrededor en las cuales inspirarme. En un inicio quería tocar temas comunes; el tipo de temas que vemos en las noticias. Pero luego muchas noches de sueño inquieto comprendí que no puedo jugar con fuego sin tener ropa resistente a el. Así que me fui por lo básico, al estilo de “echando a perder se aprende”. Ya saben, para darle una probada en grande al tema del tiempo y las pasiones.
De esta manera nació Amor en dos tiempos. Es un collage que cuenta el como se iniciaban las relaciones en el pasado y como se sostienen ahora, muchas veces mediante el uso obsesivo de la internet y sus miles de ramas de comunicación. Por supuesto es mi vida y esos factores que me han hecho lo que soy. Mis padres. Su historia, el inicio de su vida como cualquier otra pareja enamorada y el distanciamiento por el tiempo, llevándolos al divorcio, fue una de las ideas principales. Sus cartas de amor cuentan estos momentos en los que la pasión comenzaba a nacer, la música y los colores. Tan típicos en los años 80 y 90.
Mi nacimiento y mi adolescencia, tonalizada con colores fríos y estables, complementados con amarillos y rojos. Colores cálidos que señalan los buenos momentos. Mis grises y negros ¿creemos que hay oscuridad en mí? Flanqueados con brillos que señalan los puntos de motivación, y mis pies en la tierra. Tenemos engranajes que es mi forma de armar este rompecabezas. Una mirada cargada de sentimiento indica mi paseo por las distintas etapas.
Lo que nos caracteriza es eso que nos rodea, escuché una vez. Así que ahí lo tienes.
En muchos de mis estudios descubrí a un par de artistas grandiosos en los cuales inspirarme, como Rómulo Contreras con sus pinturas abstractas. Thomas Friedman con sus obras poco convencionales hechas con materiales convencionales. Beatriz Milhazes con sus explosiones de colores y movimientos y Gert y Uwe Tobias dos hermanos originarios de Transilvania con sus carteles ricos en formas.
A pesar de todo, no lograba dar con el clavo. Ese artista o cuadro especial con el que diría: “este es. Aquí está.” Desde luego, como todo lo que no esperamos viene a nosotros y como dicen “El universo trabaja de formas misteriosas” en una visita al doctor con mi madre, lo vi. Una pintura abstracta que adornaba la sala de espera. Gracias. Ahí estaba mi musa. Ese señor, ese genio era mi fuente.
Entonces me moví, busqué su vida sin resultados positivos. Y aunque no tengo más información que su nombre, una obra muchas veces dice más que mil palabras. Tomé fotografías y examiné cada trazo. De ese modo Amor en dos tiempos cobró vida. Había dejado de ser una idea, estaba realizada. Se le había creado al no querer olvidar el pasado. Porque al final, lo que importa es dejar esa marca. Es ser inmortales mientras se nos recuerda y la misión de mi obra era esa.
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